
PLASTICO
Kent llegó a su casa, aliviado de saber mientras giraba la llave de entrada, que no había nadie adentro. Su mujer todavía tardaría un rato en llegar, y había llamado desde su oficina para darle el día libre a sus sirvientes, y tener un rato de paz. Entró y se sentó en el costoso sofá italiano del living. Sacó del bolsillo de su saco armani el teléfono celular y lo apago. Al menos por un rato, no contestaría llamadas. Se levanto, y se dirigió al tocadiscos que tenia junto a la barra del pequeño bar frente a los sillones. Fue pasando uno a uno los discos, buscando el indicado, y penso que lo mejor seria algo de jazz. Eligió el de Sinatra y Basie, no tanto porque realmente le gustara, si no porque era un snob, y como escuchar clásicos como ese le daba cierto status musical, entonces lo hacia, mas aun, en vinilo. Las notas empezaron a sonar, y Kent subió el volumen lo suficiente como para poder escucharlo desde el piso de arriba. Subió hacia su habitación y bario el cajón de su mesa de luz. Debajo de una pequeña agenda forrada en cuero, saco una bolsa de nylon sellada, y examino su contenido: Algunas píldoras de éxtasis, 3 gramos de cocaína, una tableta de rohypnol, y un pequeño cubo de marihuana. Miro esta ultima droga con singular aprehensión, le aprecia excesivamente vulgar, y no podía creer que su esposa consumiera semejante sustancia, que según el, era droga de hippies. Volvió a repasar el contenido de la bolsa, y opto por los psicofarmacos, no tenia intenciones de acelerarse en lo mas mínimo. Volvió hacia el living con la tableta en la mano. Primero fue hacia el tocadiscos y bajo el volumen, luego se fue detrás de la barra y busco la botella de Johnnie Walker Blue label. Saco tres cubos de hielo de la pequeña heladera debajo de la barra, los puso en un vaso, y lo lleno con whisky hasta la mitad. Con el primer sorbo, trago las pastillas. Volvió a buscar debajo de la barra, esta vez al cajón donde guardaba sus habanos montecristo. Saco y encendió uno, y retornó al sofá, a sentarse tranquilamente. Cerro los ojos mientras saboreaba el humo de su cigarro, se sentía muy tranquilo. Su paz se vio interrumpida por lo que pareció, era un ruido. Bario los ojos e intento discernir que estaba sucediendo, pero la música no le permitía escuchar con claridad, y decidió restarle importancia al asunto. De no haberlo hecho, quizás se hubiera dado cuenta que un intruso estaba ingresando en su casa.
Barbie venia en su convertible rosa, ni demasiado rápido, ni demasiado despacio, apenas a la velocidad indicada, que fuera suficiente para no estorbar a los otros automovilistas, y que no alcanzara a despeinarla, pues recién salía del salón de belleza. Recordando esto, miro sus uñas, perfectamente moldeadas y brillantes, siempre se sentía mejor persona después de una manicura. Se detuvo en un semáforo pensando en si pasaría primero por el shopping o por su casa. Decidió que iría directamente a su casa, pues ansiaba ver a su marido, luego tendría tiempo de ver vidrieras.
Llego hasta la puerta de su casa y observo que la puerta estaba apenas abierta, alguien había forzado la cerradura. Esto no la alarmó, simplemente bario la puerta con la misma naturalidad que lo hubiera hecho si la misma se encontrara cerrada. Se paró sobre el umbral de la puerta, y se quedo escuchando un momento la música que provenía de la barra, pasando la sala de recepción. Sinatra y Basie, uno de los discos mas escuchado por Kent, y por supuesto, uno de los que ella mas detestaba. Caminó hacia el living, para apagar el tocadiscos, y allí estaba. El cadáver de su marido yacía sobre el sillón, con 2 balazos en el pecho. Su vaso de whisky estaba derramado sobre la alfombra, y el cigarro milagrosamente, en vez de provocar un incendio, estaba ahí apagado entre las piernas de Kent, no sin haber provocado antes una quemadura que arruinaba por completo el fino tapizado. El cadáver de Kent estaba ligeramente ladeado hacia la izquierda, apoyado sobre el brazo del sofá, y su camisa estaba empapada en sangre. Tenia los ojos muy abiertos, no había signos de paz en su rostro, pero el trabajo había sido rápido, y solo por una fracción de segundo llego a ver a su asesino que apretó el gatillo 2 veces apuntando hacia su corazón, con mortal precisión.
Barbie miró a su esposo muerto un momento. No rompió en lagrimas, no sintió horror, su rostro reflejaba indiferencia, pero sentía una curiosidad morbosa y no podía dejar de observar el cadáver. Saco un cigarrillo de su cartera, lo encendió y dio un par de pitadas largas. Siguió observando el cadáver, hasta que en el rostro se le dibujo una sonrisa cínica, la que dejaba ver quien realmente era. Una sonrisa Dejo de reír, y se acerco al teléfono. Antes de levantar el tubo para llamar a la policía, repasó mentalmente la historia que inventaría, y se preparo para romper en llanto, ese llanto de rubia tonta que la dejaría fuera de cualquier sospecha...
