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viernes, abril 22, 2011

Vicios

Fumé mirando hacia la luz, y vi como el humo dibujaba fantasmitas entre los compases de la bateria que sonaba de fondo. Mire por el ventanal, y vi como se agitaban las hojas de los arboles. Estaba solo. Solo, disfrutando mi vicio. Destruyendo mis pulmones, mi corazon, mi cerebro, y vaya uno a saber cuantas cosas mas. Abandoné rapidamente estos pensamientos, porque principalmente, estaba feliz de estar fumando. Probe mi trago, todavia estaba un poco fuerte, asi que decidi darle 5 minutos a que los hielos se derritieran un poco y lo suavizaran. Mire la hornalla que habia dejado prendida, ya que no encontraba el encendedor. Crei oir el siseo del gas, saliendo por las hendijas del disco de metal, oyendolas salir, justo un segundo antes de convertirse en uno de esos colmillos azulados que bailoteaban freneticamente, hipnotizandome. Pero no, simplemente eran los platillos de la bateria, era lo unico que podia escuchar. Lo constate mirando la canilla que goteaba, a la cual tampoco podia oir. Cerre mis ojos, en un intento de concentracion en pos de mi oido, pero lo unico que obtuve como resultado, fue un desagradable mareo, fruto de la intoxicacion por monoxido de carbono que me causaba el cigarrillo. O quizas eran los efectos del trago anterior. O del porro antes del trago. Perdido en el mar de opciones, elegi la opcion que me parecio mas politicamente correcta. Abri los ojos y la cocina seguia en su lugar, asi que decidi volver a mi trago que estaba levemente mas aceptable. La bateria fue reemplazada arbitrariamente por una guitarra, asi que me distraje, y volvi a mirar por el ventanal. Mi reflejo me escrutaba en el vidrio. Creo que no soportamos mirarmos, porque enseguida los dos fuimos a buscar el cigarrillo que reposaba en el cenicero. Era el quinto, el sexto? Decidi saberlo con extactitud, asi que tome el paquete y conte: quedaban cuatro. O sea que me estaba fumando el septimo. La magia del paquete de once. Estaba sorprendido, de que hace nisiquera 3 dias atras, me habia costado terminar un cigarrillo. Y ahi estaba yo, camino del octavo. Volvi al trago para frenar un poco a la bestia. Era hora de cambiar de humo. Saque un porro del estuchecito plastico, siempre tengo la precaucion de armar un par antes de fumar. Como dije, no tenia encendedor, pero tenia la hornalla. Me las ingenie para prender un escarbadiente en la hornalla y usarlo como fosforo. me entretuve con el porro un rato, alivianando mi consciencia, perdiendome en alguna nota del piano o un eco de la voz. Sin embargo, todavia habia 4 cigarrillos en la caja, y la bestia lo sabia. Hasta podria haberme puesto las zapatillas de nuevo, ir a comprar otro atado, y estar toda la noche fumando. Pero no, aunque ya habia caido, todavia quedaba en mi un espacio sin corromper, minimo, pero firme. Esta idea me confortó levemente, asi que pude ver otra vez al ventanal, el reflejo me dijo que todavia no habia terminado de fumar. El humo del porro era mucho mas abundante que el del cigarrillo, tire nubes enteras contra la lampara, que tardaban en disiparse, y me permitian crear una especie de neblina. Volvi al los cigarrillos, ahora quedarian solo tres. Retome mi bebida, estaba en su punto justo, asi que le di un buen trago. El cigarrillo comenzo a ahogarme un poco, asi que decidi salir al patio. No hacia frio como yo pensaba, y entre los edificios asomaba poco mas que media luna, brillando en ese tono palido amarillento tan agradable para los ojos. La luz naranja hacia aun mas amarillas las hojas del arbol, y fue observando esto que me di cuenta, que no estaba tan tumbado como pense que estaria a pesar de los tragos y demas. Concluí en que estar sentados nos quita energia. Mi cigarrillo me acompañaba tambien en la interpiere. Aspire el humo y le rasco muy levemente en la garganta. Decidi apagarlo en la parrilla y volver a entrar, ahora solo quedaban dos. Los mire. Uno de ellos estaba dado vuelta, hace mucho tiempo que habia incorporado el habito de dar vuelta un cigarrillo del paquete, que fumaria ultimo. Tome el paquete con una mano, y con la otra sostuve los dos cigarrillos. Los aprete contra el borde de la caja. Un poco mas de fuerza y... No. Quiero fumarlos. Me los voy a fumar todos. Deje el atado en la mesa, volvi al trago, ya estaba casi terminado. Me dio fiaca prender el porro, volvi al atado. Volvi a presionar los cigarrillos contra el borde. Entonces volvi a mirar el ventanal. El reflejo me devolvio una mirada feroz. Entendi que debia ser estoico y tenia que hacer lo que debia hacer: Aplique la fuerza extra, y un cigarrillo quedo decapitado, y el otro sin filtro. No era suficiente. Saque lo que quedaba de los dos cigarrillos y los parti en mil pedazos sobre el tacho de basura. Cayeron girones de tabaco y papel, y se dispersaron entre la yerba usada y otros restos. Ya no habia nada mas que fumar, asi que me fue a dormir... o... o me fume los cigarrillos? Ahora que pienso bien, no se si el atado no era de veinte... no me acuerdo bien que hice al final... fue hace tanto tiempo!