EL TREN FANTASMA (Gracias por elegirnos!)
Era una tarde soleada de Marzo, sin llegar a ser calurosa, cuando Natalia, mientras miraba un programa de chimentos, se vio asaltada por la gula. Se levanto de su casi muy comoda posicion en el sillon del living y se dirigio hacia la heladera. No sabia que podia llegar a encontrar, asi como tampoco sabia que queria comer, pero si sabia que la heladera se lo iba a responder cuando abriera la puerta. Asi lo hizo, y una pequeña rafaga de frio le acaricio el rostro. Primero busco, casi por instinto, los restos del mediodia. Una o dos porciones de pizza fria serian mas que suficientes para acallar los gruñidos del estomago, al menos por un rato. Pero los restos del mediodia ya habian desaparecido. Si es que realmente habia sobrado algo, no estaba segura. Siguio examinando el electrodomestico, en busca de hamburguesas. Nada. El crisper y el congelador estaban absolutamente vacios. Tampoco habia salchichas. O fiambre. Ni manteca siquiera! De todos modos, tambien carecia de pan como para hacer sandwiches o unas tostadas. Pero el pan, se sabe es reemplazable por galletitas de agua. La manteca, quizas por queso untable. Pero con que se reemplaza el jamon? Con jamon mas barato solamente, como hacemos en casa, penso natalia, eso que llaman "paleta" los fiambreros, en un pequeño acto de honestidad, porque decirle jamon a esos prismas rosados y grasientos, seria cinico. Pero tampoco habia eso, ni galletitas para reemplazar al pan. Ni leche. Solo una jarra con agua, y un huevo. Tener un huevo solo en la heladera, es una cosa inutil. Nadie se llena con un huevo frito. Y no te alcanza para hacer un omelette. O una tortilla. No es que natalia supiera cocinar todo esto, pero igual sabia que tenia razon. Descarto la heladera, y miro en la despensa. La yerba se habia acabado. Solo quedaba medio paquete de arroz, tan inservible como el huevo de la heladera, desde su perspectiva. Vio que no habia mas remedio, tendria que movilizarse en busca de alimento. Reviso su bolsillo, en el que aun habia dinero,y salio de expedicion al almacen. El viejo almacen San Carlos, a dos cuadras de su casa: Lo odiaba con toda su alma, pero estaba a dos cuadras de su casa, y contra ese argumento ningun slogan de cadena de supermercados podia hacer frente. Quizas el almacen San Carlos fuese uno de los nueves circulos del infierno, pero seguia estando a dos cuadras de su casa, no a tres, ni cuatro, ni seis; a dos, y asi, penso Natalia, es que mantienen el monopolio sobre mi persona y sobre todos los que no que queremos caminar demas para comprar un paquete de chizitos. Entro y tomo un carrito. Esquivo lo mas velozmente que pudo la amarga mirada del guardia de seguridad, que parecia culparla de todos los problemas existentes en su vida, cualesquiera que ellos fueran. Se aferro rapidamente a un changuito. No iba a llevar nada que no le entrara en las manos, pero el changuito le gustaba porque la ayudaba a reforzar la fantasia de estar paseando por un tren fantasma, y al igual que un tren fantasma, uno solo se sentia seguro arriba de su carrito. El paseo comenzaba. En la primer seccion, estaba Jacqueline la destripadora, como a Natalia le gustaba llamarla. Una mujer robusta (muy robusta) de unos 50 años de edad, con el pelo recogido en una cola de caballo, dedos romos y gordos como panqueques, a quien, otras personas llamaban "Tita". Tita estaba al mando de la fiambreria, y era especialista en escatimar sonrisas y gestos de amabilidad, toda una experta. Natalia estaba segura de que esta mujer cargaba con un pasado brutal, (carcelario seguramente) que le habia enseñado no solo a poner esa expresion ruda, si no tambien a manejar con maestria el cuchillo y otros objetos filosos, porque a pesar de su apariencia tosca, era extremandamente habil con el cuchillo, y antes de lo que uno tarda en decir "cien de crudo" la mujer ya habria rebanado el pedazo de chancho y clavado el cuchillo nuevamente en la tabla del mostrador, por lo que Natalia penso que probablemente con la misma velocidad y prolijidad, Tita podria haber castrado a su marido y haberle dibujado una sonrisa roja en el estomago, antes que este hubiera podido decir "me voy con los muchachos al bar". Todas estas ideas alejaron a Natalia de la idea de comprar fiambre para hacer un sanguche, asi que siguio su recorrido por el tren fantasma, empujando el carrito desvencijado que ademas de hacer ruido, tenia una rueda chueca y se iba de costado. Segunda estacion, la verduleria. El verdulero, lejos de tener una apariencia agresiva y horrorosa como la de Tita, casi parece un tipo normal. Claro, no por eso significaba, que se tratara de una persona afable y de buenos modales, los cuales parecieran estar prohibidos, so pena de muerte, a cualquiera de los empleados. Ahi estaba el verdulero, de jean remera y zapatillas, flaco y con la cabeza ligeramente gacha. En su rostro y su voz se notaban el desgano, las pulsiones de thanatos, alguien que elegiria sin dudar un disparo de 38 en la sien antes que seguir embolsando paquetes de acelga pestilente, antes que seguir viendo a esas viejas chotas tanteando con malicia y mirada suspicaz un repollo, y preguntandole a el con ese irritante tono, como el que una madre usaria para interrogar a su hijo sobre una fechoria que sabe que cometio, "decime nene esta buena esta lechuga?". Si, penso Natalia, no puedo culparlo, yo tambien estaria igual en su lugar, pero yo no vine a comprar verduras. Siguio andando, tercera estacion del tren fantasma: la carniceria. Ya de movia el fluorescente sobre los azulejos blancos predispone mal a cualquier comprador. En cada titilacion nos recuerda que ahi no puede haber ningun producto de calidad. Los carniceros, suelen ser tipos amables,y de buen humor, que transmiten simpatia, aunque a veces el motivo para esto sea que puedan encajarnos sin que desconfiemos, algun corte de carne, que al comerlo nos haga sentir como Charles Chaplin intentando almorzar su zapato. Este señor carnicero, un hombre fornido, apenas superando los 40, "y seria un buen candidato para mi mama" penso Natalia, no solo carecia de estos dones de gente, si no que ademas cargaba con cierta violencia, solo explicable con una patologia psicologica, que lo hacia rematar sus frases con un violento en incoherente "y que, vo'me va a pagar el sueldo???!" mientras apuntaba a los clientes con la chaira. Natalia se puso a comparar la habilidad con los filos del carnicero, y la de Tita, y ya estaba por resolver con argumentos totalmente validos quien ganaria si ambos se enfrentaran en un duelo a muerte con cuchillos, pero vio que ya estaba en la gondola de las galletitas dulces, que junto con un sachet de leche, eran lo que habia venido a buscar, asi que abandono su argumentacion para dedicarse a algo mucho mas importante, que era elegir las galletitas. Cargo dos paquetes en el chango, y se dirigio a la caja, que era la ultima estacion antes de salir. Se puso en la fila, habia delante de ella cuatro personas: Dos viejas, un chico, y un obrero que aprovechando un receso fue en busca de provisiones al almacen. La caja, se podia decir, que era una especie de oasis, ya que ahi estaba la unica persona que mostraba un poco de amabilidad de vez en cuando, claro que nos referimos a la cajera. Esta muchacha ocupaba su cargo hace poco tiempo, en reemplazo de la flaquita morocha que estaba antes. "La que te miraba feo si no le pagabas con vuelto justo", rememoro Natalia. Otra empleada de rostro sombrio, la cual probablemente habia corrido la suerte que el verdulero tanto anhelaba: cambiar su puesto en el supermercado por un disparo de 38, aunque la chica tenia mas pinta de ser esas personas que se toman una caja entera de pastillas con vodka. Natalia se pregunto cuanto tardaria la nueva cajera en adaptarse al perfil de personalidad del resto de los empleados, porque sabia, que su buena actitud no podia durar, tarde o temprano terminaria siendo como los demas. Natalia estaba tan distraida, que se habia olvidado de la atraccion principal: la dueña del supermercado. Esta mujer, que era un verdadero espanto, con la cara llena de revoque de color para intentar disimular que hace ya 20 años no tiene 30. La señora se pone cerca de la cajera, observando sus movimientos, y los de los clientes en cuestion, que para ella no son mas que potenciales ladrones de sus preciosas mercancias. Es sin duda, generadora de toda esa sustancia negra, esa especie de alquitran hecho de odio, resentimiento y tristeza que envuelve al almacen San Carlos. Su voz, le recordaba a Natalia a la version cinematografica de Gollum, el personaje del señor de los anillos, pero eso era cuando hablaba en tono normal, y este no era el caso, ya que Natalia desperto de su ensoñacion entre marcas de latas de arvejas y sachets de mayonesa, gracias a un potente grito de la señora, que resono con fuerza por todos los rincones del mercadito, y probablemente tambien, de la cuadra. "ME QUERES ROBAR???!!" Grito enfurecida la dueña del mercado. Todos los clientes que estaban dentro del mercado estiraron el cogote tanto como les fue necesario, dependiendo del lugar donde se encontraban, para observar la situacion,ya que con el fuerte volumen del grito, era imposible ignorar la situacion. Natalia sintio que ancianas con sus carritos y bolsas de red surgian de abajo de la tierra haciendose presentes frente a la promesa de que algo excitante estaba por suceder, aunque mas no fuera un simple (y vergonzoso, e indignante, "asi esta la juventud") acto de raterismo. Natalia, al igual que las viejas se aferro a esa promesa, pero tardo muy poco en darse cuenta que no se trataba de un acto de robo, si no de otro acto de paranoia desquiciada de la dueña del supermercado. Habia sucedido asi: El chico que estaba adelante de ella, llevaba, entre otros articulos, un paquete de chicles, los cuales la cajera ya habia agregado al monto de su compra. El muchacho habia guardado sus chicles en el bolsillo, y cuando le entregaron el ticket, tuvo que meter la mano en ese mismo bolsillo para sacar el dinero para pagar, y entonces el paquete de chicles se cayo de su bolsillo. La dueña del mercado, a pesar de creer que con su ojo avizor controlaba todo, no habia notado que la cajera ya le habia cobrado los chicles, lo cual hizo que diera su primer grito, tan inesperado para el pobre chico, que al igual que algunas presas ante sus predadores, se paralizo esperando a ser devorado o a que su acechador se alejara, se quedo mudo ahi sin poder emitir sonido, lo cual obviamente, lo hacia parecer culpable de un crimen que no habia cometido. La señora le volvio a gritar, poseida por la ira: ¿ME QUERES ROBAR LOS CHICLES? EH?!!. Como el muchacho todavia no habia atinado a responder, la cajera intercedio en su lugar, para deshacer el malentendido, acabando asi con la magia del momento. "No marta, los chicles ya se los habia marcado eh". Marta desvio su mirada del muchacho hacia la cajera, con una expresion en el rostro digna de Hannibal Lecter, ya que con esa frase la habia desautorizado frente a toda la clientela, y habia puesto en evidencia toda su locura. Marta no dijo mas nada. Volvio a mirar al muchacho con cara de "igual la culpa es tuya" y desaparecio indignadisima por la puerta del deposito ubicada atras de la caja, como si tuviera algo que hacer. Mientras pagaba sus articulos, Natalia penso que probablemente la semana siguiente hubiera un puesto de cajera disponible en el mercado, y que con su suerte, probablemente ella terminaria ocupando ese puesto. Penso tambien que si seguia sin tener sexo, probablemente se adecuaria perfectamente al trabajo, ya que evidentemente era algo que faltaba a raudales en ese lugar, y que en poco tiempo terminaria suicidandose con el cuchillo de Tita junto a la heladera de los lacteos, sobresaltando levemente, quizas, al resto de los empleados, pero no a la dueña, que sin mayores problemas mandaria al carnicero a colgar su cadaver entre las medias reses del frigorifico, donde seguramente se encontrarian los cuerpos de las otras dos cajeras, si es que no las habia vendido ya como carne picada. Finalmente, concluyo en que ser desocupada en tiempos donde tu empleador podia ser la dueña del almacen San Carlos, era una especie de bendicion, y se fue a casa con las galletitas y una anecdota para contar en la hora de la cena.
FIN
Nota al pie:
Readaptacion de un texto, readapatacion de la realidad de mi querida amiga n., citaria la fuente pero no esta disponible, en tal caso, me la piden, y yo gustoso les presto el original
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